Aunque esto parezca cosa menor, no lo es, ya que sentirnos poco valorados en el tema de nuestro negocio o con clientes propios puede afectarnos en gran medida a nuestro autoconcepto y a nuestra autoestima, así que tenemos que estar alerta en este asunto. 

Y es que la idea de no sentirse valorado no tiene que ver con que tú hagas las cosas mal en sí, sino que puede derivar en que no tenemos límites claros, nuestras expectativas no son realistas o incluso tenemos dinámicas emocionales disfuncionales para con nosotros mismos. 

Qué significa realmente “no sentirse valorado”

Vayamos al grano, afinemos el concepto de que significa en realidad ‘’no sentirse valorado’’ en el trabajo. 

En primer lugar, hay que tener claro que no sentirse valorado no es solo que no te feliciten, ni que reconozcan abiertamente tu esfuerzo. La gente no tiene por qué decirnos después de cada reunión lo buenos que somos o lo cómodos que están con nosotros, si un cliente libremente decide hacerlo, le agradeceremos su sinceridad, pero quizás aquí el problema viene en esperar que los demás nos aprueben o nos validen, cuando nosotros estamos haciendo nuestro trabajo y no deberíamos esperar el aplauso de nadie para sentirnos bien, por nuestra salud mental. 

Y es que no sentirse valorado también puede venir por otras acciones como puede ser que lo clientes nos regateen constantemente, que lo que hayáis acordado previamente se desentiendan de manera unilateral y sin avisar, que no respeten nuestros horarios o límites empresariales e incluso que tengamos la sensación de dar más de lo que recibimos. Por estas razones, es tan importante tener una buena autoestima, trabajar nuestras emociones y aprender a hacernos respetar con límites claros y siendo directos al comunicar. 

A nadie le gusta que le hagan de menos, de manera directa o indirecta, pero ahí está gran parte de nuestro poder de elección para trabajar esta carencia que tenemos a día de hoy.

Por qué esta sensación es tan frecuente en autónomos y emprendedores

Entiendo que después de mucho tiempo trabajando o desde la inexperiencia y miedo del inicio tendamos a no sentirnos valorados, esto puede ser normal según las circunstancias que nos rodeen, pero no por eso hemos de justificar dinámicas dañinas, así que a continuación, abordaremos causas habituales para no sentirnos valorados como autónomos y emprendedores. 

  1. Relaciones poco definidas con clientes: A veces nos sabe mal cobrar, nos sabe mal pasar un presupuesto, nos sabe mal poner en valor nuestro trabajo. Por eso, será fundamental establecer límites, roles y expectativas claros para que no hayan malentendidos que nos cuesten quebraderos de cabeza y nos causen una incertidumbre y malestar, sinceramente, ahorrables. 
  2. Dificultad para poner límites por miedo a perder trabajo: Muchas veces, los autónomos aceptan presupuestos y trabajos a precios más bajos con tal de no perder el cliente, pero nos estamos perdiendo nosotros mismos el respeto haciendo estas cosas. Si regalamos nuestro trabajo y no ponemos límites los clientes no verán valor en lo que hacemos y no nos tomarán en serio. 
  3. Confusión entre valor personal y valor profesional: Es importante que sepamos distinguir entre vida laboral y vida personal, el tema de tener dos móviles diferentes, delimitar horarios claros y ‘’educar’’ al cliente con que se puede hacer y que no son cosas que nos pueden ayudar a no saturarnos y poner límites entre estar con tu familia y estar con clientes. 
  4. Falta de reconocimiento externo estructurado: Con esto tenemos que aprender a mediar, ya que como autónomos y freelances, no hay jefes como tal, ni evaluaciones, ni feedback de superiores. Por eso, es importante tener un mentor que nos pueda ayudar, como es un psicólogo, para ver cómo estamos avanzando.
  5. Autoexigencia elevada: Cuando nos sentimos poco valorados, suele aparecer en nuestra cabeza una idea de que nunca es suficiente, incluso cuando el cliente esté satisfecho con nuestro servicio e incluso nos lo haga ver de manera clara y directa. Y es que cuando llevamos tiempo con estas ideas en la cabeza, aunque no sean ciertas del todo, nos las acabamos creyendo como un mantra.
  6. Historia previa de validación: Cuando nos hemos criado pensando que tenemos que destacar para que nos quieran o que tenemos que ‘’ganarnos’’ ese reconocimiento haciendo grandes méritos, llega un momento que es tal la frustración cuando no salen las cosas como queremos, que acabamos por no sentirnos útiles, no sentirnos valorados, ya que no estamos recibiendo ese aplauso o ese cumplido al que nos hemos malacostumbrado. 

Cómo afecta no sentirse valorado a tu bienestar y a tu negocio

Cuando no nos sentimos valorados, no solo sufre la relación profesional: también sufre la energía y la autoestima, ya que no estaremos cómodos con la situación que estamos enfrentando. 

Y es que esta sensación sostenida puede derivar en que mostremos un desgaste emocional, en irritabilidad, desmotivación, bloqueos, mostrarnos pasivo-agresivo con los clientes e incluso que pasen por nuestra cabeza ganas de abandonar o ‘’hacer lo mínimo’’. 

Aunque seguro que tú has pensado más emociones y sentimientos que pueden derivar de no sentirse valorado, ya que lejos de lo que muchas personas piensan, lo que te afecta en el trabajo, también te va a afectar en la vida cotidiana e incluso en otras esferas, ya que las personas no son islas independientes, sino que somos un pack indivisible que cuando una esfera está afectada, las demás también tienden a resentirse. 

Diferenciar entre falta de valoración externa y conflicto interno

Este apartado es muy importante, ya que sabiendo esto, sabremos diferenciar entre lo que es la falta de valoración externa (nuestro entorno) con lo que es el conflicto interno (nuestra mente)

Muchas veces, en el apartado que respecta a la valoración externa, es como me veo a mí en relación al mundo que me rodea, mi familia, mis amigos, mi pareja o en este caso, mis clientes. Es común que la persona no se sienta valorada si nota que el problema está en la dinámica que desarrolla con sus clientes. Esto estaría más relacionado con cómo nos relacionamos con los demás y como nos influye el contexto, el entorno. Donde la falta de valoración externa puede hacer que no me sienta valorado lo suficiente. 

Por otro lado, encontramos el conflicto interno, que es básicamente como mi mente, como yo mismo estoy interpretando todo esto que está pasando. En este sentido, sería como no afecta el no sentirnos valorado y cuál es el significado y profundidad que le damos a este pensamiento. Aquí suele aparecer la culpa, duda, indecisión, frustración, entre otras emociones desagradables. 

Ambas pueden coexistir y ambas deberían ser tratadas, ya que si no controlamos esos pensamientos nos podemos hundir en nuestro propio mar de pensamientos. 

Qué hacer si no te sientes valorado en tu negocio o con tus clientes

Revisar y clarificar límites profesionales

Revisemos si de verdad estamos poniendo limites profesionales, quizás en tema de horarios, tareas, revisiones, disponibilidad no estamos siendo lo suficientemente claros o puede que necesitemos ajustar estos factores de nuestra empresa para sentirnos mejor. 

A diferencia de lo que mucha gente piensa, poner límites no es buscar conflictos o ser egoísta, es una herramienta de autocuidado, para ser mejor empresario, rendir mejor y que esto nos haga ser más efectivos. 

Aprender a comunicar tu valor sin justificarte

A veces, por inexperiencia o por miedo, damos demasiadas explicaciones, algunas en forma de excusas, algunas para intentar que no haya conflictos. Por eso es importante aprender a usar mensajes claros y firmes. Una cosa es explicar y otra cosa es defenderse. 

Sé que esto te puede parecer difícil, pero una vez te pones a ello con tu psicólogo es solo cuestión de práctica y ganas de querer cambiar a mejor. 

Detectar dinámicas de complacencia

No necesitas la aprobación de los demás para sentirte bien, no porque regales tiempo y/o trabajo te van a querer más o van a confiar más en ti. No demos de más para ser aceptado por los clientes, cuando regalas algo, la gente tiende a no valorarlo, sobre todo porque no ha pagado el coste, esto es marketing y psicología básica. 

Además, el coste emocional de querer agradar constantemente es peligroso, ya que somos un títere en manos de según quien caigamos, que puede aprovecharse de nosotros o hacernos mucho daño. 

Revisar precios y condiciones desde el autocuidado

Como autónomo y persona adulta que vive en este mundo, sé que tú también sabes que las cosas cada año tienden a subir, tus proveedores suben el precio de los productos que consumes, pero puede que tú por vergüenza o por no dar explicaciones, no subas nada de tu precio para no caer mal, pero estás trabajando lo mismo y ganando menos. 

Por eso, no debemos revisar precios y condiciones desde el mercado, sino desde nuestra sostenibilidad personal. Tener una empresa es tener una responsabilidad y cobrar poco por el qué dirán o no subir precios cuando debemos subirlos, no es precisamente autocuidado del bueno. 

Separar el trato del cliente de tu valor personal

No olvidemos nunca que el comportamiento del otro no define tu valía, tu cliente puede no tratarte como mereces por infinidad de razones, no lo estoy justificante para nada, pero una discusión, un encontronazo no debe hacernos desfallecer y pensar que ya no somos válidos. 

Trabajamos con personas, no con cebollas y tomates, al menos yo, y las personas cambian, tienen malos días, salidas de pata de banco y por eso, no hay que tomarse a lo personal diferencias que podamos tener con clientes puntuales. 

Evaluar si esa relación profesional merece mantenerse

Al final, lo bueno que tenemos como personas que trabajan por cuenta propia es que tú eliges tus clientes, eliges que proyectos quieres y eliges quien sí y quien ya no. Así que normalicemos cerrar ciclos laborales cuando el coste emocional sea alto y nos cause un retorno mínimo. No vale la pena tragar con determinadas personas con tal de ganar un poco más económicamente y estar a su vez amargados mentalmente. 

Cuando la sensación de no ser valorado empieza a erosionarte

Como todo problema que no es tratado, tiende a expandirse e incluso afectarnos a otras esferas de nuestra vida, por eso a continuación vamos a hablar de señales de alerta que nos puedan avisar de que algo toca trabajar 

En primer lugar, podemos encontrar ansiedad antes de tratar con clientes, esto lo entiendo ya que en primeras visitas es normal estar un poco nervioso, ya que no sabemos a qué nos enfrentamos, pero cuando esta sensación de ansiedad esté presente en la mayoría de reuniones incluso con personas ya conocidas, es cuando tenemos que ver que sucede. Por otro lado, también podemos encontrar una rumiación constante por la que no nos sintamos bien, ya que no desconectamos nunca y el problema cada vez lo vemos con peor pronóstico. 

Otro apartado importante es cuando nos cueste desconectar y este problema a priori laboral afecte al resto de esferas vitales. Cuando tengamos enfado contenido, sintamos esa frustración por querer sacarlo y no poder, también será una señal de alerta de que algo va mal. También, podemos encontrar una sensación de resignación por la que ya bajamos los brazos y masticamos, pero no acabamos de tragar una triste realidad que nos afecta en demasía. Y, por último, podríamos comentar el tema de la perdida de ilusión por el trabajo, algo delicado, ya que somos el escudo y la espada de la empresa y si estamos desmotivados puede que estemos con la guardia baja para cuando vengan malos momentos. 

Es importante que tengamos a bien parar y revisar como se está sosteniendo este proyecto, para ver que punto de ruptura ha causado esta sensación tan desagradable. 

El papel del acompañamiento psicológico en estos casos

Muchas veces, queremos acudir al psicólogo cuando tenemos el agua cerca de la nariz más que del cuello, pero mi consejo como profesional en esta materia es que cuando notemos que algo no va bien, que vayamos a terapia. Vayamos al psicólogo para tener un espacio de claridad, no como último recurso, ya que cuanto más tengamos acumulado, más trabajo habrá en terapia. Pero si es por mejorar, bienvenido sea. 

Y es que la terapia psicológica nos puede ayudar a trabajar nuestra autoestima profesional, para aprender a poner límites, también para revisar patrones relaciones y, sobre todo, para fortalecer seguridad interna. Algo que muchas veces no le damos la importancia que precisa, ya que estamos más centrados en facturar y atraer nuevos clientes. 

Desde mi experiencia trabajando con emprendedores y empresarios puedo decirte que por tónica general, desde el primer momento empiezan a verse mejor, ya que aquí abordamos temas importantísimos como aprender a priorizar lo importante, aprender a ser efectivo y no perder el tiempo, aprender a decir que no, aprender a tener conversaciones difíciles y sobre todo, aprender a hacer y recibir críticas, algo que viene bien cuando trabajamos cara al público y en muchas ocasiones, somos ejército de un solo hombre. 

Preguntas Frecuentes (FAQs)

¿Es normal no sentirse valorado como autónomo?

Sí, como siempre comento en estos temas, pasamos muchas horas de vuelo nosotros solos, mediando con problemas y con personas. Esto hace que le demos más vueltas a la cabeza de las necesarias, en muchos casos, lo que hace que nos sintamos poco valorados. Es habitual que aparezca esta emoción, no tenemos que resignarnos.

¿Cómo sé si el problema es el cliente o mis expectativas?

Grandísima pregunta. Aquí tienes que analizar los hechos concretos y las emociones asociadas a cada situación y cada caso. De ahí, la importancia que te he comentado anteriormente de poder tener un mentor con el que abrirte y contarle estas preocupaciones, para que él, desde su experiencia pueda brindarte el apoyo que necesitas para lograr claridad en estos temas.

¿Poner límites no hará que pierda clientes?

Puedes elegir, no poner límites, mantener clientes y tú sentirte poco valorado económica y anímicamente. O poner límites, hacerte respetar y ver si ese cliente quiere tus condiciones o no. Esto es libre mercado, oferta y demanda, tanto tú como el cliente sois libres de elegir, así que no mendigues atención regalando tiempo y dinero, pocas veces suele funcionar esa ecuación deficitaria. 

¿Por qué me afecta tanto cuando un cliente no valora mi trabajo?

En parte es normal, a nadie le gusta sentirte rechazado, ni minusvalorado, pero ante todo esto tiene que ver con la autoestima y la validación externa y la importancia que le damos a esta. Así que analicemos que está pasando, porque nos afecta tanto y que podemos hacer para revertir esta situación que nosotros interpretamos como desfavorable. 

¿Qué hago si siempre atraigo clientes que no valoran?

Pues tenemos trabajo que hacer, analicemos que patrones estamos realizando, que proyectamos y que buscamos en esas personas o esas personas en nosotros y que esto nos sirva de aprendizaje. Quizás, nos hemos ido dejando llevar por la corriente y este apartado tan importante nunca lo hemos analizado, así que podemos abordarlo para mejorarlo. 

A veces puede ser mala suerte, al final al trabajar con personas, con algunas tendremos más conexión y con otras menos, esto es habitual. Pero por eso mismo, miremos si esto es algo puntual o una sombra que nos acompaña desde hace mucho tiempo. 

¿Cuándo conviene replantearse una relación profesional?

Sinceramente, cuando ese cliente, proveedor, paciente te esté significando un alto coste emocional. Cuando te afecte a tu vida privada, cuando días antes tengas ansiedad anticipatoria, cuando notes esa tensión que no se disipa con el paso del tiempo. Al final, es lo que siempre os digo, sois empresarios, si algo bueno tenemos es que podemos elegir con quien trabajar, así que ejerzamos ese facultad que tenemos en un Estado de derecho y en un país libre, como el nuestro. 

¿Puede la terapia ayudarme a sentirme más seguro profesionalmente?

Totalmente, ya que gracias a la terapia podremos mejorar nuestra confianza y reducir ese complejo que tenemos enquistado dentro nuestra en forma de ‘’no sentirme valorado’’. En este sentido, cabe destacar que la seguridad es algo que se aprende por el camino, aunque haya personas que, sí que tienen una predisposición a ser más seguras, claro está. Por eso mismo trabajemos, comprometámonos con el psicólogo y busquemos mejorar esta carencia que ahora tenemos por qué las personas pueden cambiar y nosotros queremos cambiar a mejor.