¿Por qué puede aparecer culpa cuando cobramos por nuestro trabajo?

Se nos ha metido en la cabeza que, si nos dedicamos a ayudar, no deberíamos cobrar, pero esto a veces se nos olvida cuando vamos a la sanidad pública y el médico nos atiende, pensamos que nos ha ayudado y que como no vemos el intercambio de los billetes en las manos, es diferente, pero esto se cobra de manera indirecta mediante impuestos.

Todos los trabajos cobran, las ONG cobran, salvando a los voluntarios, todo el mundo cobra. Desde el panadero que te vende la empanadilla de tomate, hasta el dentista que te arregla una caries, todo el mundo cobra. Así que no seas tú el que regale su trabajo. 

En esto, como ves, influye mucho las creencias limitantes que podemos tener acerca del dinero, el trabajo, la ayuda y sobre todo, el merecimiento. Los autónomos se van a sentir muy identificados con el texto que vamos a desarrollar a continuación.

Las creencias sobre el dinero que pueden estar detrás de esta culpa

“Cobrar mucho está mal”

El médico que te opera a corazón abierto también cobra, solo que tú no ves el momento exacto en el que recibe la transferencia. Y qué curioso, ¿verdad? Llegamos a asociar que dinero, egoísmo y ambición son un trío peligroso del que avergonzarnos. Fíjate hasta dónde llega nuestro complejo hacia el dinero que llegamos a pensar que ganar mucho dinero es incompatible con poder ayudar a otras personas. ¿De verdad pensamos que la ayuda debes hacerla desde la escasez? Este argumento no se sostiene, lo sé y lo sabes. 

Y, por cierto, que no se me olvide, es legítimo obtener un beneficio económico por un trabajo realizado. Está bien que cobres y lo justo es que cobres. Si regalas tu trabajo, no te van a respetar ni van a valorar tu tiempo.

“Si algo me resulta fácil, no debería cobrar tanto”

Si te resulta fácil es porque seguramente lleves muchas horas de experiencia a tu espalda, no confundamos el esfuerzo percibido con el valor aportado. Tus años de formación, tu tiempo invertido, tu dinero merecen ser recompensados si realizas un trabajo. Qué curioso, tendemos a minimizar aquello que uno domina, pero luego a los demás los endiosamos y pagamos sin pensar lo que nos pidan, respetémonos un poco. 

“Hay personas que no pueden permitírselo”

Nadie tiene empatía hacia ti cuando le tienes que decir a tus hijos que el día de su cumple no se puede cenar fuera, cuando tienes que cancelar viajes por falta de dinero o cuando viene un imprevisto familiar y debes cambiar planes, aunque te fastidie. 

Tú tienes un precio, si quieres no cobrar, monta una ONG, perdón, las ONG también cobran. Pues no sé, puedes hacer caridad, trabajar de psicólogo de gratis y te puedo decir como empresario que todo lo que hagas gratis, no lo van a valorar. Así que despierta, no tienes que hacerte cargo de las cargas económicas de los demás, sobre todo porque nadie se hará cargo de las tuyas. 

El fallo aquí radica en que pensamos que ayudar es asumir personalmente la responsabilidad económica de cada cliente. Entiendo que quieras ayudar, pero si tu trabajo te cuesta dinero, no tienes una empresa, tienes un hobby caro. 

Autoestima y culpa al cobrar: ¿qué relación tienen?

Si eres una persona insegura, te costará cobrar, te costará marcar límites, te costará confrontar cuando haya un conflicto con un paciente. Y es que la baja autoestima te hará sentir que tu trabajo no es lo suficientemente bueno y que no eres merecedor de lo cobrado, te comparas con otros profesionales y sentirás que aún no tienes la suficiente experiencia para cobrar lo que tú consideres justo.

Cuando cobrar parece una evaluación de tu valor personal

Les puedes parecer muy guapo y muy encantador, pero el cliente te va a escoger poque tiene un problema y quiere que le ayudes a solucionarlo. Al final, el cliente que te elige te va a analizar por el servicio valorado, no por la persona, a no ser que hayas sido desagradable o maleducado con él, naturalmente. 

De aquí también tiene entender una objeción al precio como una crítica personal y es que hay una gran relación entre la baja autoestima profesional y la inseguridad de presentar presupuestos con precios justos, la baja autoestima nos hace necesitados de la aprobación de los demás. 

El síndrome del impostor y la dificultad para cobrar

Este síndrome que parece estar de moda, pero lleva con nosotros toda la vida, básicamente lo que nos comunica es tener la sensación de no estar lo suficientemente preparado nunca. Pensar que otros profesionales saben más que nosotros, tener miedo a que el cliente descubra que posiblemente no somos tan buenos y exigirnos un imposible antes de sentirnos dignos de cobrar lo que pedimos. 

Como ves, esto es una eterna piedra en el zapato que nos va a boicotear todos los planes hasta que no decidamos hacerle frente. 

El miedo al rechazo también puede esconderse detrás de la culpa

Hay muchas personas que son incapaces, por ahora, de cobrar lo que en realidad merecen, porque tienen miedo a que los rechacen, piensan que puede que el cliente se moleste por el precio, que vaya a perder una oportunidad de negocio e incluso asocian una negativa a una propuesta empresarial con un rechazo personal, por lo que suelen reducir el precio e incluso regalarlo para no perder al cliente. 

Con esta conducta de escasez somos unos títeres en manos de personas que pueden manipularnos y hacernos daño, si vas con la mentalidad de ir detrás de la gente y ser sumiso a lo que te digan, lo pasarás muy mal en tu vida privada y en tu vida laboral también, por eso, hagamos lo posible por cambiarlo. 

Por qué algunas personas prefieren cobrar menos para evitar incomodidad

Es increíble pero cierto, hay personas que prefieren perder dinero antes que perder un cliente, prefieren callárselo y quedar en evidencia de manera injusta antes que armarse de valor y confrontar aquello que no consideran justo. 

No hagas descuento para ganar cliente, el cliente que viene a ti por precio, se irá por precio y no fidelizará contigo, buscar aprobación mediante el precio es darle al cliente un arma, en sentido figurado, para que la use contra nosotros cuando quiera. Y es que, evitando conversaciones difíciles cada vez te verás más inseguro, te harás cada vez más pequeño y si se nos cruza una persona manipuladora, nos destrozará emocionalmente. Si ese cliente te va a causar problemas, no aguantemos chantajes de nadie. Tú tienes tu empresa, tu negocio, tú debes decidir que cliente quieres trabajar y a quien no. Recuerda, no eres una ONG. 

La necesidad de agradar y su influencia en el precio

Tú no necesitas la aprobación de los demás para ser alguien importante, si no sabes decir ‘’no’’, si quieres ser percibido como generoso o buena persona, entre comillas, vas a ser infeliz porque tu felicidad vendrá si el cliente te quiere aceptar o no, tienes un negocio, pagas factura, pero quién decide sobre tu vida son tus clientes. 

Yo no quiero agradar, quiero hacer bien mi trabajo y esa es mi única responsabilidad, he tenido clientes muy agradecidos y otros que no han conectado conmigo, amablemente les deseé la mejor de las suertes, pero decidí no seguir trabajando con ellos. No confundas ser profesional con disponibilidad ilimitada. 

Profesiones donde puede ser especialmente frecuente sentirse mal al cobrar

Profesionales que trabajen con personas, como psicólogos, profesionales sanitarios, formadores, consultores, creativos, autónomos en general suelen ser los principales damnificados de sentirse mal al cobrar y es porqué se nos ha educado que el dinero es malo, algo que es mentira. Y por ese complejo de pensar que el dinero es malo y que cobrar es malo, así nos luce el pelo y el corazón. 

Cuando vas al supermercado, a la cajera no le sabe mal cobrarte, cuando el día 31 de cada mes te pasan el recibo de autónomo en España, tampoco les sabe mal cobrarte, a tu compañía de teléfono tampoco le sabe mal cobrarte la factura mensual. Así que no seas tú el pobre diablo que se siente mal por cobrar por su trabajo. Me encanta la psicología, pero también me encanta cobrar, ya que gracias a ese dinero puedo vivir. 

¿Por qué puede ser más difícil cobrar cuando tu trabajo consiste en ayudar?

Esta es la gran mentira que nos han metido desde la cuna, pensar que como es vocacional, no debes cobrar. ¿Te imaginas a Lamine Yamal diciendo que no quiere cobrar por que le encanta jugar al fútbol y es del Barça desde pequeño? La idea de que ayudar debería ser algo desinteresado es por lo que tus jefes y la sociedad te mantiene esclavo y feliz. Puedes ser empático pero lo justo es también cobrar.

Señales de que la culpa está condicionando cómo cobras

Te lo voy a escribir tal cual, punto por punto que te resultará más visual:

  • Rebajas el precio sin que te lo pidan.
  • Te disculpas después de comunicar una tarifa.
  • Das demasiadas explicaciones para justificar lo que cobras.
  • Regalas horas o tareas adicionales.
  • Evitas enviar presupuestos.
  • Retrasas facturas.
  • Te cuesta reclamar pagos pendientes.
  • Aceptas trabajos poco rentables.
  • Sientes ansiedad cuando alguien pregunta “¿cuánto cuesta?”.
  • Cambias el precio dependiendo de cuánto crees que puede pagar la otra persona.

Cobrar menos no siempre elimina la culpa

Si por cobrar menos, se acabase el problema, entonces las personas que aceptan cobrar poco no tendrían ningún quebradero de cabeza, pero sabemos que esto no es así. Es más, es apretarse más fuerte la soga al cuello, ya que, al cobrar cada vez menos, llegarás a pensar que tu trabajo también vale menos. Por no hablar, de que cuando cobres cada vez menos el resentimiento dentro de ti irá subiendo y eso no es sostenible ni emocional, ni laboralmente. 

Prefiero que te enfrentes y marques límites, antes que seas sumiso y agaches la cabeza, porque cobrarás menos y te respetarán menos aún, sé que duele leer esto, pero también sé que sabes que es verdad.

Cómo empezar a dejar de sentir culpa por cobrar

Diferenciar precio y valor personal

El precio que pones corresponde a un servicio tuyo, no al valor tuyo como persona. Por eso, que te rechacen una propuesta no significa que te rechacen a ti, tampoco debemos usar cada presupuesto como una prueba de autoestima, que te acepten un presupuesto o te lo rechacen no te hace más buena persona o menos, esto son negocios. 

Tener criterios claros para fijar precios

Te los expongo punto a punto:

  • Tiempo.
  • Experiencia.
  • Formación.
  • Especialización.
  • Costes.
  • Responsabilidad.
  • Valor aportado.
  • Situación del mercado.

Practicar cómo comunicar el precio

Se claro, el precio vas a tener que decirlo, ya sea antes o después, sobre todo porque sino no cobras. Quítate de la cabeza, pedir disculpas por decir el precio o incluso, peor, nada más lo digas, justificarte como si estuvieses diciendo algo malo. Aprende a guardar silencio, deja que la persona lo procese, no la atosigues con excusas, permite al cliente que valore la propuesta y te haga preguntas, está en su derecho. 

Dejar de asumir la reacción del cliente

Cuando sentimos culpa por cobrar, nosotros mismos nos ponemos el palo en la rueda y es que ya decidimos nosotros mismos si es caro o no para el cliente, gran error, que decida él, no tú. Luego, evitemos hacer descuentos preventivos o incluso regalar parte del producto, recuerda, a ti nadie te regala nada y menos en trabajo y mucho menos hablando de dinero. Y te vuelvo a repetir, permite que la otra persona tome su decisión desde la libertad, déjale decidir.

Aprender a poner límites

Es importante que definas muy bien que incluye el servicio que vas a prestar, los cobros adicionales del trabajo, seamos claros, no regales ni trabajo ni tiempo y mucho menos queriendo agradar. Es importante que no te muestres necesitado, desesperado, no debes estar disponible 100%, sobre todo, por ti, por tu salud mental. Puedes ayudar, puedes vender, puedes ser un gran profesional, pero ante todo pon límites. 

¿Cómo saber si estás cobrando demasiado o simplemente te sientes culpable?

Siempre lo digo en consulta, sepamos cuando es emoción y cuando es evidencia. Seamos francos, si tienes una empresa, sabrás cuando vale un servicio más o menos, cuanto cobra la competencia, incluso por ley que precios se calculan. Por eso, seamos justos, cobremos lo que nosotros pensemos que vale ese servicio, con este texto no estoy diciendo que dobles tus precios porqué sí, quiero que seas justo. Contigo y con el cliente. 

Ayudar a alguien y cobrar por ello no son conceptos incompatibles

Como psicólogo, puedo decirte que muchos compañeros de profesión tienen asumido que no deben subir el precio de sus consultas, aunque cada año les suban el alquiler, la luz, el agua, no debemos hacer las cosas así. Si tú no cobras, estás haciendo un flaco favor a todo el mundo, empezando por ti. Una cosa es ser generoso y otra es trabajar gratis.

¿Qué pasa cuando empiezas a cobrar con más seguridad?

Parece mentira, pero la seguridad que tú tengas, es la seguridad que transmitirás. Si a una persona le dices el precio con voz firme, sin ansiedad, sin prisa, esperando su respuesta de manera calmada, la cosa cambia. Y es que aprender a cobrar con más seguridad te hará tener mayor claridad en relación profesional, menor necesidad de justificar el precio, pondrás límites más fácil y no, sobre todo, no unirás tu autoestima con tus resultados empresariales. 

Que tú ganes seguridad, te favorecerá en todos los ámbitos de tu vida.

Sentir culpa al cobrar puede hablar de algo más que de dinero

La culpa para cobrar es la punta del iceberg, pero la base nos habla de falta de seguridad, de baja autoestima, de necesidad de aprobación. Así que revisemos que pensamientos nos hacen llegar a sentirnos de esta manera. Aprendamos a ajustar nuestras tarifas de precios basándonos en razones objetivas y, sobre todo, normalicemos que cobrar forma parte de cualquier actividad profesional sostenible. 

Preguntas frecuentes sobre la culpa al cobrar por el trabajo

¿Por qué me siento mal cuando cobro por mi trabajo?

Porque te han educado socialmente y tú has aprendido, erróneamente, que cobrar por ayudar a alguien está mal y qué debes sentirte culpable.

¿Por qué me da vergüenza decir cuánto cobro?

Por tu inseguridad, por que sientes que tú no vales ese precio y piensas que no eres merecedor de cobrar de manera justa. 

¿La baja autoestima puede hacer que cobre menos?

Sí y en la mayoría de casos, es el motivo principal, ya que cobramos menos por evitarnos problemas y para no perder clientes, pero aún y todo, haciendo esto, seguimos sintiéndonos desgraciados y nos genera un resentimiento por dentro que no es nada justo con nosotros mismos. 

¿Qué relación existe entre el síndrome del impostor y el dinero?

Básicamente, son dos hermanos gemelos separados al nacer. El síndrome del impostor te hace creer no merecedor de tus éxitos y en el tema del dinero, te puede hacer sentir culpable por cobrar, por que piensas que no mereces cobrar por hacer tu trabajo. Fíjate que fastidiado todo, no solo te sientes miserable, sino que encima pensamos que no merecemos cobrar.

¿Por qué siento que estoy cobrando demasiado?

Porque no crees que mereces cobrar lo que es justo que tengas que cobrar a tus clientes.

¿Cómo dejar de sentir culpa por poner precio a mi trabajo?

Cambiemos la mentalidad, dejemos de mostrarnos necesitados y sobre todo, acude a un buen psicólogo que te ayude, esto no se soluciona viendo 4 videos de YouTube, ni yendo a 4 charlas motivacionales, cambiar la mentalidad es algo que lleva tiempo, esfuerzo y dedicación, te lo digo desde mi experiencia trabajando como psicólogo después de tantos años. 

¿Por qué me cuesta reclamar que me paguen?

Por que temes el conflicto, no quieres caer mal y por eso aceptas condiciones malísimas para ti, mi consejo es que dejes de actuar así, ya que como bien te habrás dado cuenta, esconderte ante un problema de este tipo, nunca es la solución.

¿Está mal cobrar por ayudar a otras personas?

Para nada, el médico que opera del cáncer también cobra, el bombero también cobra, el policía también cobra, los maestros de tu hijo también cobran, así que cambia la mentalidad. Yo soy psicólogo y también cobro, sino vaya negocio, ¿no? Me paso la vida ayudando gratis y recibo 0€, entonces explícame como le doy de comer a mi familia y como pago las facturas cada mes. 

¿Cómo saber cuánto vale mi trabajo?

Analiza el mercado, mira cuanto se cobra por tus servicios, se objetivo.

¿Por qué hago descuentos aunque el cliente no me los pida?

Por miedo a perder el cliente y nadie quiere estar con un desesperado, así que esa herramienta que usas estando necesitado se te volverá en tu contra. Haces descuentos y pierdes dinero por mantener a clientes que también se irán a tu competencia por precio o cuando no puedan apretarte más.

¿Cómo decir el precio de mis servicios sin sentirme incómodo?

Diciéndolo, alto y claro. Respetando los silencios, haciendo las cosas bien. No te acomplejes, es tu precio, es tu valor y quien no lo quiera comprar, que se vaya a otro sitio. 

¿Es normal tener miedo de subir mis tarifas?

Sí, porque desde nuestro complejo pensamos que no lo valemos o bien que está mal, pero no sé tú, pero a mi cada año me suben las tarifas de las facturas que pago cada mes. No sé, todo el mundo sube el precio y yo tengo que cobrar lo mismo que siempre o menos… No sé tú, pero a mí las matemáticas no me darían si hiciese eso.