Cualquier emprendedor sabe que esto es una carrera de fondo, una eterna maratón, con sus subidas y bajadas. La creación, expansión y estabilización de un proyecto empresarial lleva su tiempo y esfuerzo, muchas veces invisible y la mayor parte del tiempo, sin el aplauso de nadie, en la sombra. 

Por eso, para cultivar la paciencia, debemos pensar a largo plazo, tener empatía con nosotros mismos y no presionarnos más de la cuenta. Muchas empresas, pymes y negocios locales empiezan a ver los brotes verdes en materia económica pasados unos años, esto suele ser innegociable en cualquier emprendimiento, por eso debemos trabajar nuestro temple para cuando venga el temporal o no se tengan los resultados que esperábamos. 

La impaciencia: el enemigo silencioso del emprendedor moderno

Entiendo que con un par de clics puedes comprarte cualquier cosa en cualquier tienda de internet y en cuestión de días o incluso horas, ya lo tienes en tu domicilio. Estamos en la era de la inmediatez, queremos todo para ‘’ya’’ y si esto no se produce así, ya empiezan los fantasmas de la comparación, la obsesión, la ansiedad y el autoboicoteo en nuestra cabecita. 

La impaciencia suele ser un jarabe muy tóxico, un caramelo envenenado que nos saca del objetivo inicial y del foco que teníamos. Naturalmente que todo emprendimiento lleva detrás un capital riesgo, una inversión tanto económica como emocional, esto es algo inherente en cualquier lanzamiento empresarial. 

Qué pasa cuando los resultados no llegan: impacto emocional y cognitivo

Psicológicamente, cuando se apoderan de nosotros unos resultados que no llegan, de nuestra cabeza brotan emociones de frustración, desánimo y feroces autocríticas. Esto en un pack indivisible, de la mano a la ansiedad anticipatoria y la autoexigencia. 

En este difícil punto, donde estamos enquistados, se hace difícil verse bien, ya que notamos que nada avanza, por eso, hemos de intentar pensar a largo plazo, tener empatía con nosotros mismos e incluso ser muy comprensivos. Analicemos la situación, veamos qué podemos hacer de manera realista, intentemos estar serenos en la medida de lo posible y pidamos ayuda a nuestro psicólogo de confianza si no logramos salir de esos bucles negativos en nuestra cabeza. 

La paciencia como habilidad estratégica y emocional

Ser paciente es saber esperar, tener un marco realista de la situación y, ante todo, tener un temple y un saber enfocar la situación, por muy mal que se ponga. En este sentido debemos entender la paciencia como inteligencia emocional activa. Debemos esperar desde la calma, no interpretar la espera desde el miedo y la desesperación. Emprender un negocio no es fácil, nunca lo ha sido, hay muchas horas de vuelo detrás que nadie ve, obligaciones fiscales y una infraestructura detrás que debemos mantener para dar una buena imagen de nuestra empresa. 

Ningún emprendedor nace sabiendo, muchos aprendemos a base de errores, con los años y con proyectos que algunos avanzan y otros no. Esto forma parte del camino, si te cuesta tener paciencia, desde la psicología podemos ayudarte, sobre todo por que es una herramienta básica en todo emprendimiento y el que no la tiene, suele pasar muchas penurias, sobre todo emocionales en este mundo de los negocios.

Ejercicios psicológicos para entrenar la paciencia emprendedora

  • ¿Estás siendo realista y justo contigo mismo? Piénsalo, ¿llevas dos meses y ya quieres la estabilidad y reputación de empresas que llevas más de 10 años? A veces no somos realistas, ni con el proceso, ni con el resultado, ni con nuestro yo emprendedor. 
  • ¿Estoy haciendo las cosas bien, y si no es así, donde estoy fallando? Muchas veces la impaciencia nos nubla el juicio, echamos las culpas fuera, hacemos responsables de nuestro ‘’fracaso’’ a los demás y quizás somos nosotros quienes no tenemos una estrategia clara, definida y sólida. 
  • ¿Si sigo trabajando como estoy trabajando, tendré resultados? Muchas veces ponemos en el ‘’Yo’’ del futuro una responsabilidad que no le corresponde, sobre todo, porque el futuro no va a solucionarte una papeleta que en el presente estás ignorando y no le estás dando el valor real. 

Sé que estas preguntas son duras, pero quizás sean necesarias para que centres el tiro en lo que estás haciendo y no en lo que no tienes o no está llegando. 

Establece metas realistas y tiempos posibles

Aquí es donde muchos emprendedores, como te comenté anteriormente, cometen la mayor parte de sus errores, no cuentan con metas realistas y los plazos tampoco lo son. 

Por eso, debemos aprender a planificar sin sobrecargas nuestras expectativas, es complicado, lo sé, pero por eso, necesitamos tener un mentor, alguien que nos guie, una persona experta que nos sepa orientar para que esas metas sean lo mas realistas posibles y no nos frustremos a las primeras de cambio.

Celebra los microavances

El tema de celebrar los pequeños avances que vayamos haciendo será fundamental para ir ganando seguridad y a su vez, valorar lo que estamos haciendo, que muchas veces no es poco. Con estos microavances es cuando adquirimos constancia, ya que educamos a nuestro cerebro a que aprecie los frutos de la paciencia y el progreso de la cosas. 

Es posible que nunca hayas analizado esta variable, pero es muy importante para lograr mantenernos motivados y valorándonos de una manera sana y realista. 

Aprende a descansar sin culpa

En ocasiones, abordan a nuestra cabeza ideas que nos ayudan más bien poco, como puede ser que mientras descansamos, nuestra competencia trabaja o que nos tenemos que sentir culpables por tener la necesidad de descansar. 

Y esto no debería ser así, ya que el descanso mental forma parte del progreso, si una persona no descansa, acabará saturándose. Si estás emprendiendo, verás que esto es una carrera de fondo, que requiere de paciencia y mucho trabajo en la sombra, pero no vendría de más tener en cuenta que para hacer esa maratón que es el emprendimiento, se necesitará de descansos para llegar a la meta. 

Gestiona la incertidumbre con presencia

Aquí será bueno tener en cuenta que la incertidumbre es una compañera de viaje, no hay emprendimiento que no lleve de la mano la duda, la inquietud. Tengamos en cuenta que esto forma parte del camino. Aún no he conocido a un solo empresario, emprendedor que en sus inicios o ya asentado no cuente en su repertorio emocional con la incertidumbre como escolta de su progreso. 

No olvidemos que emprender implica un riesgo, una inversión emocional, de capital y de tiempo, por eso es tan entendible la duda. Así que no rechacemos esta emoción, entendámosla, no nos juzguemos por sentirla, razonemos que es una emoción valida en este camino que emprendemos.

Cuándo la impaciencia se convierte en ansiedad: señales de alerta

Naturalmente que mente y cuerpo son un pack indivisible, lo que pasa en la mente repercute en el cuerpo y viceversa. Y es que, si esta impaciencia se convierte en ansiedad, nuestro cerebro y nuestro cuerpo nos irán dando señales en forma de insomnio, irritabilidad con nuestros seres más allegados o agotamiento, entre otros. 

Cuando esta impaciencia nos acompañe durante largo tiempo o veamos que ya nos interfiere demasiado en las diversas esferas de nuestra vida, será momento de pedir ayuda a psicólogos expertos para que puedan ayudarte. Créeme, que ese sufrimiento desmesurado que puedes llegar a sentir no debemos minimizarlo o pensar que es un peaje que debemos pagar. Emprender no es fácil, pero tampoco tiene que costarte la salud.

Los grandes resultados necesitan raíces lentas

Vivimos en la sociedad de la inmediatez, lo queremos todo ya y las redes sociales junto a la cómoda vivida que tenemos en Occidente nos ha hecho creer valedores de que todo sea rápido, indoloro y sin esfuerzo, pero nada más lejos de la realidad. 

Esos grandes resultados que anhelas te costarán el sacrificio que lleva la paciencia, el trabajo en la sombra y los esfuerzos que nadie ve para conseguir un bien mayor. Así que acostúmbrate a ser recolector, más que cazador, piensa a medio-largo plazo y no ambicionemos el resultado fácil y rápido, porque las cosas que valen la pena en la vida no suelen ser ni fáciles, ni rápidas. 

Preguntas Frecuentes (FAQs)

¿Por qué me cuesta tanto tener paciencia?

Nuestro cerebro se ha acostumbrado a recompensas inmediatas, nuestra sociedad no premia la constancia, por desgracia, premia la rapidez. Por eso debemos desprogramar esa idea que nos han impuesto en nuestra cabecita, ya que esta idea ayuda bastante poco y favorece a una frustración constante e incluso a una perdida de enfoque y de sentido en momentos más delicados.

¿Cómo puedo entrenar la paciencia emprendedora?

Sabiendo que nos costará un tiempo adquirir este hábito. Para eso, debemos tener metas alcanzables, practicar la gratitud diaria y dejar de compararnos con los demás, sé que hay mucho contenido en estas líneas y que no es fácil, pero para algo está la ayuda que los expertos en psicología pueden hacer ofrecernos para salir de este laberinto y vernos victoriosos en nuestros proyectos. 

¿Ser paciente significa resignarse?

Una cosa es resignarse, es decir, aceptar lo que nos ha tocado y quedarnos estáticos ante un posible cambio, eso no significa ser paciente. La paciencia es una acción sin ansiedad, es saber que el partido está complicado, pero aún y así, seguir luchando para empatar e incluso remontarlo, aunque tengamos el factor campo en contra. Trabajar la paciencia nos permitirá avanzar con calma y claridad por los senderos del emprendimiento y de la vida. 

¿Cuándo la impaciencia se convierte en un problema psicológico?

Cuando ese problema nos atasque, nos bloquee e incluso aparezcan síntomas físicos de ansiedad, ahí será la clave para darnos cuenta de que la impaciencia ya nos está afectando al ámbito de la salud. Muchas veces el empresario da por bueno que hay que tener ansiedad, estrés y sufrir, pero, aunque el emprendimiento sea una carrera complicada, esta no debe costarnos la salud. Pidamos ayuda cuando lo necesitemos, entiendo que emprender suele ser una carrera de fondo que muchos autónomos iniciamos de manera solitaria, pero es bueno tener un mentor, un psicólogo que nos ayude a hacerle frente a situaciones complicadas que nosotros no sepamos como afrontar.